
Quien deja el gasóleo o el propano para poner aerotermia ve cómo cambia su factura: la calefacción pasa a cargarse en el recibo de luz. En invierno, con heladas prolongadas en valles como la Jacetania o nieblas húmedas en la Hoya de Huesca, ese consumo eléctrico sube porque la bomba de calor trabaja más horas y consume energía extra para desescarchar la unidad exterior cuando hay escarcha. No es un gasto fijo; depende del clima real de tu municipio y del rendimiento medio (SCOP) del equipo elegido por el instalador tras ver la carga térmica de tu casa.
Para estimar esa cifra antes de decidir, no basta con mirar los metros cuadrados. Conviene revisar cuántos litros de gasóleo quemaste el año pasado en tu vivienda de piedra o chalé, calcular la energía equivalente usando los diez kWh aproximados que contiene cada litro y ajustar ese total al rendimiento real de tu caldera antigua. Esa cantidad, dividida entre el SCOP previsto para tu zona, te da una idea razonable de los kilovatios-hora que pedirás a la red eléctrica durante los meses fríos, sin promesas milagrosas.
Qué parte de la factura eléctrica cambia al instalar aerotermia
Al cambiar la calefacción por aerotermia, el recibo de luz cambia de forma notable. Lo primero que se nota es un aumento en el término de energía, esos kilovatios hora que pagas cada mes. Esto ocurre porque ahora la bomba de calor asume también la tarea de calentar los radiadores y preparar el agua caliente sanitaria, funciones antes cubiertas por otro combustible. En pueblos del Pirineo o zonas con inviernos largos como Jaca o Benasque, donde las heladas duran semanas, ese consumo eléctrico sube más que en el llano, pero desaparece la compra de gasóleo o propano.
El segundo cambio afecta al término de potencia. Es posible que haya que ampliar la potencia contratada para que el equipo arranque sin saltar el diferencial, algo habitual si vienes de una caldera pequeña. A veces toca pasar a trifásica o reforzar la acometida con la distribuidora, sobre todo en casas de campo aisladas. El instalador revisará tu cuadro eléctrico durante la visita técnica para ver qué toca hacer. Así, aunque pagues más luz, eliminas el gasto del combustible fósil y sus depósitos, dejando la casa lista para climatizar todo el año con una sola fuente.
El consumo de la bomba de calor en los meses de helada
Diciembre, enero y febrero son los meses en que la vivienda demanda más energía para mantenerse a gusto. En el Pirineo, donde las heladas se prolongan durante semanas, el aire exterior está tan frío que la máquina necesita más esfuerzo para extraer calor. Esto afecta al rendimiento: aunque el equipo funcione bien, su eficiencia baja cuando caen los termómetros. Por eso, si vives en Jaca, Biescas o Benasque, notarás un recibo de luz más alto en invierno que se reduce mucho al llegar la primavera.
El clima húmedo de madrugada en la Hoya de Huesca también influye. Cuando hay niebla o escarcha cerca de cero grados, la batería exterior se congela y el aparato debe detenerse para descongelarse, gastando electricidad extra sin aportar calefacción inmediata. A diferencia del llano, en zonas como Sobrarbe o Ribagorza el trabajo es continuo bajo condiciones adversas. La empresa instaladora revisará estos factores antes de dimensionar el equipo, asegurándose de que cubra la carga térmica real en los días más crudos de tu comarca específica.
SCOP y temperatura del agua: lo que más pesa en el recibo
El SCOP no es una cifra mágica, sino el rendimiento medio de la bomba de calor a lo largo de toda la temporada de calefacción. A diferencia del COP, que mide un instante concreto, este valor depende mucho del clima que le toque trabajar. En los valles pirenaicos, con heladas persistentes y humedad que provoca escarcha en la batería exterior, el equipo gasta energía extra en desescarche. Sin embargo, donde más pesa esta variable es en la temperatura del agua que se envía a los emisores. Cuanto más fría pueda ir el agua por las tuberías, mejor rinde la máquina.
Aquí entra en juego el tipo de radiador o suelo radiante que tenga tu vivienda. Un suelo radiante trabaja bien con agua templada, aprovechando al máximo el potencial del equipo. Pero si tienes radiadores pequeños de aluminio, necesitarán agua muy caliente para emitir ese mismo confort, y eso dispara el consumo eléctrico. En casas de pueblo oscenses con antiguos radiadores de hierro fundido, suele funcionar porque su gran superficie emite suficiente calor con menos temperatura. Antes de presupuestar nada, la empresa instaladora debe revisar habitación por habitación; a veces basta con cambiar algunos cuerpos, pero otras hay que sustituirlos todos para que la aerotermia sea realmente rentable en el Alto Aragón.
Potencia contratada y aerotermia: margen para el día más frío
En una casa de Binéfar o Sariñena, la bomba de calor no trabaja sola. Suma el consumo del horno encendido a media tarde, la vitrocerámica y los radiadores de hierro fundido calentando a tope durante las noches largas de niebla. Si la potencia contratada se queda corta, saltará el diferencial justo cuando más lo necesitas. El instalador debe calcular esa punta máxima real para decidir si basta con subir unos tramos en la factura eléctrica o si conviene solicitar el paso a trifásica.
Esta cuestión cambia en viviendas aisladas del campo oscense, donde la acometida existente puede tener poca sección. Antes de cerrar cualquier presupuesto, hay que consultar con la distribuidora si es necesario reforzar la línea hasta el contador, un trámite que requiere previsión porque afecta a los plazos de obra. No basta con mirar metros cuadrados; quien va a realizar la instalación debe evaluar qué aparatos coinciden en marcha en el día más crudo del invierno para evitar sustos eléctricos y garantizar que el equipo rinde sin apagones.
Tramos horarios y programación de la calefacción por aerotermia
La bomba de calor funciona mejor cuando mantiene un ritmo suave y constante, en lugar de encenderse a saltos bruscos. En casas de pueblo con muros de piedra gruesa, como las que abundan en la Hoya de Huesca o el Somontano, esa inercia térmica ayuda a mantener el confort durante horas sin necesidad de consumir energía de forma continua. El instalador puede programar el equipo para que aproveche las franjas horarias en las que el coste de la electricidad es menor, ajustando los ciclos de calentamiento al ritmo natural del muro.
Si además cuentas con placas solares fotovoltaicas, conviene sincronizar la producción con el consumo: calentar el agua acumulada justo en las horas centrales del día, cuando el sol pega más fuerte en zonas despejadas como Monzón o Sariñena. Así reduces la dependencia de la red en esos momentos pico. No se trata de dejar la calefacción apagada hasta llegar, sino de usar ese colchón térmico que ofrece la construcción tradicional oscense para estirar el rendimiento del sistema sin forzarlo.
Comparar la factura nueva con los recibos de gasóleo o propano
Para comparar lo que gastas hoy con lo que te costará la aerotermia, haz cuentas con datos reales de tu casa. Si usas gasóleo o propano, suma los litros comprados durante el invierno más frío, por ejemplo en Jaca o Aínsa, donde las heladas duran semanas. Un litro de gasóleo equivale a unos 10 kWh; multiplica esa cifra por el rendimiento de tu caldera actual para estimar la energía útil consumida. Añade al total los gastos de mantenimiento del equipo antiguo y el combustible sobrante.
Pide siempre al instalador una estimación escrita del consumo anual con la nueva bomba de calor. Ese documento debe basarse en la carga térmica real de tu vivienda y en el SCOP medio para el clima de tu comarca, no en promedios genéricos. En el Somontano, con nieblas húmedas, o en Fraga, donde el verano pesa tanto como el invierno, el cálculo cambia. Así tienes dos cifras homogéneas: lo que has pagado este año y lo previsto para el próximo. Con TERMAVIA Huesca puedes solicitar varias propuestas que incluyan este desglose claro antes de decidir.